EL HOMBRE: COMUNIDAD, CULTURA Y FORMACIÓN.
La cultura en la constitución social de lo humano, según Geertz, es un entramado de signos, símbolos y significados que determinado grupo social construye para dar sentido a lo que piensan y creen; pues para Geertz, el lugar del mundo que el hombre habita y lo que cree acerca de este, son elementos inseparables, lo que quiere decir, que el hombre se constituye en torno al lugar donde nació y a la cultura que allí se vive. Dicha cultura es una construcción histórica y colectiva que surge a la par del mismo hombre, son una sincronía cíclica que va dando de parte y parte un resultado final.Teniendo en cuenta lo anterior, el ser humano está inserto en un mundo de significados específicos que permiten guiar sus creencias, pensamientos y acciones.
Ahora bien, la película “El abrazo de la serpiente” es un ejemplo de la importancia de la cultura dentro de la constitución de un grupo social y de cada uno de los individuos que la conforman. La película evidencia dos tipos de culturas que se encuentran: una representada en un extranjero moderno y la otra en tribus indígenas del amazonas que muestran un ritmo de vida particular y que contienen un conjunto de símbolos y signos que evidencian unas creencias y vivencias propias que organizan su comportamiento. Las diferencias culturales pueden evidenciarse en la vestimenta, el idioma, el ambiente de los lugares donde se vive, el significado que se construye en torno a la relación con la naturaleza y el compromiso que se adquiere con esta, la organización social, la importancia de la comunidad dentro de la construcción de cada persona y la forma de ver el futuro y de pensar al otro.
Esta es una construcción que surge de la naturalidad de las situaciones, y cuando observamos el producto de Guerra se puede apreciar que no solo se está en la elaboración de un documental histórico, sino que es la representación de la representación de la humanidad misma desde los albores de convergencias históricas, comportamentales, sociales, individuales que se hibridan cual místico acto para crear a cada individuo, hijo de sí mismo, hijo del todo.
Sin embargo, cuando observamos un producto solemos alejarnos un poco de las circunstancias, esto gracias a la labor de la televisión que ha generado un distanciamiento entre el hombre y la realidad que se vive, es por ello que no es de extrañar que al ver el “abrazo de la serpiente” se piense simplemente como un resultado benevolente de la imaginación de un director y un historiador del paso muy muy lejano. Es por ello que nos encontramos con un indígena colombiano de la tribu Misak Misak para contrastar no solo una cosmovisión, sino todo un cambio paradigmático de la vida y el hombre.
Gonzalo, uno de los miembros de la comunidad Misak Misak, permite identificar, como menciona Geertz, que es inseparable la formación del hombre en relación con la cultura en la que nace y se desarrolla. Los Misak Misak buscan mantener su cultura en contra de todas las dificultades que el mundo moderno pueda ponerles; Gonzalo, es ejemplo de ello, mantiene el mismo vestuario usado por la comunidad, reconoce la importancia de mantener su lengua nativa, piensa que todo lo que hace debe ser en beneficio de su comunidad y de su cultura, tiene una noción de comunidad mucho más amplia e importante que la de un hombre de ciudad por lo que habla más de “nosotros” que de “yo”, las situaciones que se presentan en la cotidianidad las discute en asambleas junto a los otros miembros de su tribu, tiene una relación con la naturaleza de madre - hijo, para él y para su comunidad la tierra es sagrada y debe respetarse así que todas sus acciones se encaminan al cuidado de esta, su futuro es pensado más en pro de la comunidad que de él mismo, el objetivo final es mantener las creencias, tradiciones, costumbres y acciones; por ello al observar el “castigo” en los Misak Misak se descubre un choque con nuestra tradición de aversivo que daña al individuo, este es una manera de reinserción social y no un encierro permanente. En su manera de organizar la sociedad surge una visión que desde los occidentales hegelianos consideraríamos como retrógrada, y es el trueque, pero que en realidad es una formación comunitaria que no busca una ganancia comercial, sino una ganancia espiritual, “si mi hermano está bien, yo estoy bien y la comunidad lo estará”.
Las costumbres en relación con la maternidad son particulares y buscan un continuo bienestar del bebé y la mamá; los Misak Misak se realizan unos baños y bebidas especiales que permiten aumentar las defensas y cuidado del bebé y la madre. En contraste con ello, nuestra sociedad moderna en la ciudad tiene menos cuidados particulares con las mamás y los bebés, la medicina científica y convencional es quien se encarga de los controles rápidos del “cuidado” y quien atiende los partos.
En conclusión se evidencia que el hombre como individuo no es un surgimiento único tal como nos lo ha hecho pensar la historia tradicional positivista, sino que es una formación de los pequeños aspectos, de la cotidianeidad, de una historia real que abarca a cada persona que son los cimientos de cómo nos formamos y de cómo organizamos la vida en base a un contrato social, que va más allá de lo que Hobbes dilucidaba, es un vínculo que hace que se forme el hombre por amor y fraternidad, no por conveniencias.
Pero nuestro realidad nos lleva a que pensemos un poco más de cerca ciertas circunstancias del país y el proceso de paz, por ello en relación con las víctimas del conflicto armado es pertinente decir que las huellas que la guerra ha dejado en la víctima crean una serie de significados nuevos en torno a la relación de la persona con su sociedad de dos maneras; primero, en relación con la injusticia que la víctima vive por la transgresión que se le ocasiona por medio de la violencia y segundo, en relación con los nuevos significados que se construyen frente a la reconciliación, el perdón y la búsqueda de la justicia y la verdad, como forma de reparación. Lo anterior, debe revisarse teniendo en cuenta dos premisas: A) Que el ser humano es un ser biopsicosocial que se construye y se renueva a lo largo de toda la vida; y B) Que su formación está determinada por factores igualmente biológicos y culturales. Es decir, que la víctima, determinada por una cultura violenta del país en el que habita, está en un mayor riesgo de ser afectada por acciones violentas de la guerra y termina, por tanto siendo un número más en los incalculables receptores de la guerra; sin embargo, dicha víctima determinada también por factores sociales que van desarrollando mediante digas contingencias un comportamiento resiliente que identifica la reconciliación y la búsqueda de verdad como mecanismo de reparación a los tratos de violencia, que sin justificación, tuvo que vivir.
Finalmente, podemos concluir que Geertz tiene razón al pensar que el estudio de la constitución humana tiene en su núcleo fundamental el factor cultural, pero no una cultura plana, lineal y positivisita, sino una cultura que nace de las divergencias, de lo heterónomo, de unas diferencias que no son tal sino matices de una sociedad que se construye, que es autopoietica, que es circular, que es fluida, y esa es la mayor conclusión: el hombre se forma gracias a otros hombres en una actividad recíproca que crea en un estadio mayor la sociedad y la cultura, todo en un circuito interminable de relaciones.
Referencias:
Geertz, Clifford (1989). El impacto del concepto de cultura en el concepto de hombre. En La interpretación de las culturas, pp.43-59, Barcelona: Gedisa. Disponible en:
Guerra, C. (Dirección). (2015). El abrazo de la serpiente
[Película].