La nueva biología de
Maturana presenta varias ideas importantes como una forma de comprender lo
humano. Dentro de estas ideas, la más importante es el rescatar la emoción como
fundamento de toda conducta humana; sin embargo, la emoción es desvalorizada
como forma de conocimiento y es reemplazada por explicaciones fundamentalmente
racionales, que se expresan en la coherencia de los discursos del vivir mismo.
Y es que en esta
construcción pasamos por alto la pregunta por los motivos, la cual está
relacionada con las emociones; pues estamos concentrados en las razones que dan
explicaciones y argumentaciones lógicas. Por tanto, disminuimos la importancia
de la emoción dentro de las causas y consecuencias de nuestro actuar.
Lo anterior, se da como
consecuencia de una lógica patriarcal cultural que nos impone la competencia
como modo de actuar, en contraposición debemos comprender una nueva lógica
donde lo emocional sea el principal motor de nuestras relaciones sociales. Esto
es construido con relaciones que se consolidan en la confianza, la cual ocurre
en la legitimidad con el otro, como condición de la formación de esta confianza
se debe tener como base principal el respeto, que permite que la relación se
fortalezca tras una conversación, una escucha, una empatía.
Visto desde el conflicto
colombiano, podemos resaltar que la nueva biología de Maturana puede
presentarse como camino para reconstruir el tejido social que se ha fragmentado
como consecuencia de la violencia. Esto desde varias perspectivas:
Primera, reconociendo que el
ser humano es uno de los seres vivos que más se conoce, debido a que el
conocimiento se da a partir de la observación de sí, teniendo en cuenta esto es
preciso el reconocimiento de la constitución social de cada individuo como
víctima y victimario a partir de la búsqueda de la verdad como herramienta para
la resiliencia.
Segundo, la construcción
sobre el conocimiento de los hechos a partir de la emoción debe darse por parte
de los dos implicados en la violencia, es decir, de la víctima y el victimario;
pues así como la víctima puede perdonar justificando los daños que le
ocasionaron a partir de la comprensión emocional y racional que el victimario
le dé de manera verídica, el victimario también debe pasar de la visión de
hombre como medio a hombre como fin, para poder ser empático con las víctimas y
observar el dolor y daño que puede ocasionarles.
Tercero, a partir de la
importancia que la nueva biología otorga a la reflexión, es preciso proponer
que el victimario debe pasar por un proceso serio de reflexión donde pueda detenerse
a pensar en sus actos, las causas y consecuencias de los mismos. Es de esta
manera como puede abrirse la posibilidad de generar nuevas direcciones
encaminadas a la construcción de paz.
Cuarto, la confianza debe
reestablecerse entre la víctima y el victimario desde la base del mutuo respeto
y la conversación como punto de negociación a los diferentes conflictos que
puedan generarse socialmente.


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